Una monja colombiana ha sido secuestrada en la localidad de Karangasso, en el sur de Malí, mientras realizaba labores en un centro de salud. El secuestro, ocurrido a última hora del martes, ha levantado alarmas sobre la seguridad en la región donde grupos armados han intensificado sus actividades.
Contexto del incidente
Según confirmaron las autoridades de Malí, la religiosa fue raptada en un contexto de creciente inseguridad en el país, particularmente en áreas que antes se consideraban seguras. Baba Cisse, portavoz del Ministerio de Seguridad maliense, afirmó que el ejército está llevando a cabo operaciones para ubicar a los responsables del secuestro.
Los hombres armados que perpetraron el delito habrían robado una ambulancia durante su fuga, aunque posteriormente la abandonaron para continuar en motocicleta. Esta modalidad de secuestros y ataques ha sido reportada en varias ocasiones en el norte del país, pero la situación ha comenzado a extenderse hacia el sur, donde antes había mayor estabilidad.
Respuesta de las autoridades colombianas
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia ha identificado a la monja como Gloria Cecilia Narváez Argoti. En un comunicado, se informó que la Embajada colombiana en Ghana está estableciendo contacto con el gobierno de Malí para coordinar esfuerzos en la búsqueda de la religiosa. Las autoridades han garantizado que tanto el ejército como la policía están trabajando para asegurar su liberación en el menor tiempo posible.
El secuestro de Narváez Argoti se suma a una serie de incidentes de violencia en Malí, donde grupos militantes islamistas han intensificado ataques desde el 2012. Estos grupos han aprovechado la inestabilidad política y social del país, prolíferando actos de violencia y secuestro, afectando no solo a ciudadanos malíes, sino también a expatriados y trabajadores humanitarios.
Implicaciones regionales
La creciente inseguridad en Malí también genera repercusiones en la región del Sahel, donde la actividad terrorista se ha ido expandiendo a países vecinos, y los esfuerzos internacionales para estabilizar la zona se enfrentan a serios desafíos. La Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental han expresado su preocupación, y están considerando nuevas estrategias para abordar la violencia en el área.
Mientras tanto, el caso de la monja colombiana ilumina una realidad que viven muchos trabajadores humanitarios a nivel global, quienes, a pesar de los riesgos, continúan dedicándose a mejorar las condiciones de vida en áreas afectadas por conflictos.




